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Archivo de la categoría: Relatos breves

Cuestión de suerte

De niña creía en las hadas y en los genios que conceden deseos, hoy lo tengo algo más matizado pero una de las historias que suelo imaginarme caminando por la calle es la que relataré a continuación, no tiene ningún valor literariamente hablando pero me gustó dejarla por escrito.

Cuestión de suerte

¡Buenos días le parecerá extraña la petición que quiero hacerle, pero es que necesito su coche, tengo que llegar inmediatamente a un lugar y no puedo perder el tiempo en un concesionario comprando uno. Veo que el suyo es bastante nuevo y que tiene potencia, así que, si me lo vendiera yo le pagaría su valor y un poco más por las molestias.

Con la boca abierta no supe reaccionar inmediatamente, por fin dije – Perdóneme señor, pero no creo que llevé Vd en cima la cantidad de dinero que vale el coche?

-¡Oh!, claro que no, le daría un cheque.

-Y cómo se yo que tiene fondos y que no es un simple aprovechado?

-Miré enfrente hay un banco vamos allí y formalizaremos un contrato estandar en presencia de testigos para que no haya ningún problema.

Caminaba en dirección del banco, en realidad todavía me encontraba bajo el sock de aquella petición tan extraña y precisamente a mí que lo había imaginado ¿cuanto? diez veces, veinte. Bueno eso daba igual, ¡estaba sucediendo!

Llegamos al banco, en él  confirmaron que tenía fondos y firmó un cheque por un valor muy superior a mi coche, hicieron un contrato estandar firmado por el director, el señor y yo.

-Muchas gracias señora, me ha salvado la vida y un gran negocio que estoy apunto de ultimar.

-De nada, déjeme que saque algunas cosas que llevo dentro.

-¡Claro cómo no!, coja sus cosas.

Mientras retiraba mis muñecos y bolsas de la compra le comentaba -Lo que no entiendo es cómo no ha cogido un taxi, le habría llevado a donde quería ir y le habría salido más barato.

-No me fío de nadie conduciendo, además el dinero no es un problema, y el tiempo sí, asi que si me perdona tengo mucha prisa.

Se montó en el coche y se fue.

Yo me quedé de pie en la calle mirando como se alejaba mi coche. ¡Cuando lo cuente en casa no se lo van a creer!

Me fui al concesionario y pude comprar el que mi marido y yo habíamos deseado desde hacía tanto tiempo. ¡Menuda sorpresa se va a llevar!

Al cabo de unos meses recibí una carta, querida señora, su amabilidad de aquel día hizo que lograra , más allá de lo que hubiera esperado, un gran éxito en mi carrera. Creo por tanto, que es lo justo, devolverle el coche que tan graciosamente me permitió desarrollarlo.

Que vd lo disfrute y de nuevo muchas gracias.

Unos días después una grúa depositaba mi coche frente a mi casa.

Una historia redonda.

Yrum, un beso

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Publicado por en 10 octubre, 2012 en Relatos breves

 

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Relatos Yrum – Me tomarían por loca

Una historia con dos finales. El primero acaba en “Estoy viva”, el título que tenía pensado era “Joróbate Figón has perdido un corazón” y era la historia original. Al leerlo me di cuenta que faltaban algunas explicaciones y lo continué, decidí que el título con esta segunda aparte quedaría mejor si lo llamaba  “Me tomarían por loca”.

Joróbate Figón has perdido un corazón

No sé que fue lo que motivó a mi marido a escoger aquel lugar para nuestras vacaciones, nunca hubiera imaginado que elegiría tal sitio.Todo tenía un componente misterioso que no sabría definir pero que nos perseguía por todas partes, en especial aquel día… paseando por sus calles nos sentamos a descansar junto a unos músicos callejeros, me llamó la atención el color, sin brillo, de sus pieles tostadas y el blanco de los ojos tan oscuro y opaco ¿Sería un efecto de la luz del lugar?

Buscaba el mechero en mi bolso con esa imagen en la mente, había conseguido algo parecido jugando con los efectos de Photosop pero no dejaba de ser raro que alguien pudiera tener ese color de forma natural y a plena luz del día, cuando levanté la vista mi marido tenía la cara inexpresiva, el mismo color tostado sin brillo en la piel y el blanco de los ojos tan oscuro como aquellos músicos callejeros ¿Cómo puede ser?  no pude pensar más, en ese momento  comenzó a caminar  como un sabueso detrás de un rastro.

Le seguía como podía tratando de no perderle entre tanta gente. Por más que le gritaba parecía no escucharme. Pon fin se paró, miró al interior de un local y entró. Aquello era una gran sala en la que solo había un par de vitrinas vacías de las que colgaban jirones de gasas doradas. Continuó adentrándose por un pasillo que apareció al fondo y que fue a terminar en un gran espacio muy concurrido. Allí nos detuvimos contemplando la escena  bajo un arco de herradura. Aquello era un figón lleno de hombres, con indumentarias de todo el mundo y de todos los tiempos, en animadas tertulias. Nuestra presencia no provocó la menor atención. Las facciones de mi marido se fueron animando según iba reconociendo y nombrando a algunas de las personas que allí estaban. Algunos de los nombres me eran familiares, nombres de amigos de juventud, lo raro es que recordaba que habían muerto, pero seguramente estaría equivocada, al fin y al cabo no conocí a ninguno.

-“Mira ahí está tu primo Camilo” -. Me dijo señalando con el dedo. Miré pero no le vi.

¿Camilo? -pensé-si Camilo murió hace cinco años, ¡cómo iba a estar allí! La idea se me apareció de pronto: si mi primo está aquí es porque ¡estamos muertos! 

Aquello me puso muy nerviosa; teníamos que irnos de allí. Me acerqué a mi marido pero antes de que pudiera terminar la frase se fue a saludar a sus amigos y me dejó con la palabra sin pronunciar en la boca: muertos. Pero la orden ya había sido enviada desde mi cerebro a mis labios, estaba a punto de soltarla, cuando sentí que me cogían por los brazos y me llevaban. Eran dos hombres con idénticos trajes que en volandas me sacaron de allí me llevaron a otra estancia y me dejaron sentada en una silla frente a un hombre con bigote, semblante sereno y agradable que comenzó a gritarme. Me culpaba de la rotura y pérdida de los objetos que se encontraban en las vitrinas, que encontramos vacías, del local. Además de estar atónita no me daba la menor oportunidad de defenderme. Cuando los dos hombres salieron el del bigote me miró directamente al alma a través de mis ojos y dijo -“Si quieres salir de aquí debes morir atropellada” -me puso entre las manos un objeto del tamaño, peso y color de un ordenador portátil y reaparecí en medio de una calzada de varios carriles que rodeaban una inmensa glorieta. Todo estaba en silencio, no se veía a nadie, era como estar en una imagen fija. ¡Piensa, piensa!, me decía, pero no podía pensar, nada tenía sentido, nada era lógico las escenas se sucedían a una velocidad que mi mente era incapaz de incorporar,  estaba perdida y confusa. Debía tomar referencias, debía comprender todo aquello. Miré al cielo, la luz me confirmaba que era el mediodía e hice un recorrido mental por los acontecimientos.

Fue cuando lo comprendí, cuando realmente me di cuenta. Mi marido no volvería, nunca más estaría a mi lado, había muerto y lloré. Lloré amargamente creyendo que no soportaría aquel dolor que me desgajaba el alma, estrujaba mi estómago provocándome arcadas, comprimía mis pulmones sacando todo el aire que contenían. No había en mi cuerpo fluidos suficientes para todas aquellas lágrimas, aquel dolor volvió mis huesos de goma y me doble como un árbol frente a un huracán pensando que me quebraría en cualquier momento.

Cuánto tiempo pasó, lo desconozco, para mí una eternidad pero había llegado el momento de reaccionar, debía sobreponerme, tenía que salir de allí, huir de la muerte, sobrevivir. El sol comenzó a calentar mi piel, sentí la gravedad sobre mi cuerpo, los sonidos llegaron a mis oídos. El tiempo se había puesto en marcha. Un coche azul se aproximaba por mi izquierda, era el momento, debía dejarme atropellar, incomprensiblemente me esquivó. Traté de buscar un nuevo vehículo que me sacara del inframundo. Se acercaba un pequeño autocar, me planté en su camino, aquel conductor hizo todos los virajes posibles para no llevarme por delante. Si no me atropellaban me quedaría allí. Cabreada le tiré el objeto que aún llevaba conmigo pero no pasó nada. Decepcionada y creyendo que había llegado tarde para salvarme caminé hacia la acera cerca del autocar del que bajaba un grupo de jóvenes mujeres cantando “jJoróbate Figón has perdido un corazón”  mientras pasaban tras de mí, me sobrepasaron y se fueron alejando con su canción. Parada en la acera frente a la rotonda todo se volvió claro. He llegado ¡Estoy viva!

Me tomarían por loca

Fue una experiencia aterradora. Tras años de pensar en ello he llegado a algunas conclusiones que explican parte de lo que allí sucedió.

Aquellos músicos, no me cabe la menor duda, eran los acólitos de la parca. Cuando mi marido adquirió el color de ellos quedó marcado como socio de un club, el club del inframundo en el que debería ingresar.

Aquel lugar no podía ser otro. Estoy convencida que sabía de su inminente muerte, que por supuesto no me contó, si lo hubiera hecho no habría ido, no soy tan valiente. Creo que me llevó porque no se sentía seguro, sentía miedo, no sabía que podría encontrarse, me necesitaba a su lado. Se tranquilizó cuando vio a sus amigos. Sé que en ese momento el nexo que nos mantenía unidos se rompió. Lo sentí así, como cuando sabes quien es la persona que llama por teléfono. A partir de ese momento se desencadenó el resto de la historia.

Pero ¿qué sabía para ir a aquel lugar, para terminar en aquel sitio? Este es un misterio que me acompañará para siempre.

¿Quìenes eran aquellos hombres? supongo que como en toda gran organización serían sus funcionarios, los encargados de que ninguno de los que entraba saliera. Lo anómalo de todo aquello fue que entrara yo, una persona viva y que como tal no podía salir de allí sino con los píes por delante.

Después de repasar mucho aquellas escenas recordé, era un recuerdo vago, como un mensaje subliminal, que unos seres translúcidos de espeluznantes y enormes bocas negras venían a por mí justo cuando estuve a punto de pronunciar la palabra “muertos”. Por suerte, aquellos hombres me sacaron de allí en el momento preciso y me llevaron ante el del bigote. Sí, sin duda me protegió en aquella ocasión pero también cuando me sacó de allí dejándome en mitad de la rotonda, donde tenía que haber muerto atropellada, con aquel objeto que lo evitó. Pero el porqué lo hizo no tengo ni idea. Me gustaría pensar que su intervención fue motivada por mi marido que me protegía desde el más allá, pero a día de hoy no he tenido ninguna percepción a favor o en contra

Es una historia que no podré contar a nadie porque ¿quién creería que escapé del mundo de los muertos?, me tomarían por loca, por una mujer que ha perdido la razón después de la muerte de su marido en un país extranjero.

Yrum, un beso

 
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Publicado por en 2 octubre, 2012 en Relatos breves

 

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Villa Alegre

Este es un relato breve que realicé para un concurso propuesto por un hotel de Villajoyosa,  me ha parecido buena idea ponerlo ahora que acaba el verano y volver, quizás a disfrutar un poco de esos días.

Villa Alegre

Salí temprano, tenía reserva en el hotel Montíboli  en Villajoyosa. Que buenos recuerdos tengo de ese pueblo; la primera vez que vi el mar, mi primer amor de verano… No sé por qué, pero me da buena suerte. 

Qué calor he pasado durante todo el viaje, me voy directa a la playa. Pondré aquí la toalla y me voy al agua.

¡Qué gusto! Lo necesitaba. ¿Pero que hace ese tipo quitando mi toalla?

-¡Eh! ¡Oiga! Esa toalla es mía.

El hombre se dio la vuelta, tenía ese aspecto del que se siente pillado.

-Perdone. Verá…ehm… estuve aquí hace un rato y creo que se me ha debido de caer un papel que necesito imperiosamente. Como no veía al dueño de la toalla me he atrevido a levantarla por si estuviera debajo.

-Ya ¿Y lo ha encontrado?

-Pues no me ha dado tiempo a mirar. ¿Le importa?

Negué con la cabeza  mientras extendía la mano para coger mi toalla. El tipo estuvo removiendo la arena. Apareció un triangulito blanco, tiró de él y salió una servilleta de papel con algo garabateado.

-¡Aquí está! -Exclamo satisfecho -Muchas gracias señorita. Adiós.

-De nada. Adiós. –Me quedé mirándole mientras pensaba: Alto, moreno, bien parecido y qué voz… claro que la trasera tampoco está nada mal.

Bueno, un poco de sol, me seco y al hotel.

-Su habitación es la 222 –decía la recepcionista al tiempo que me daba la llave.

Subí a la habitación, tomé una ducha rápida y bajé al comedor del hotel. No tenía ganas de pensar, ya miraría otros sitios.

Anda, mira. Si está el tipo de la playa. ¡Qué casualidad!, estamos en el mismo hotel. Me está mirando. Se acerca…¡Qué chasco!, no venía por mi, sino a por la persona que estaba detrás mio. Pero me ha sonreído al pasar.

Una comida estupenda, pero el café lo tomaré en la terraza mirando al mar.

Ahí está de nuevo. Lleva una camisa bonita y esas sandalias de piel, tiene buen gusto. ¡Ups!, me ha pillado mirando, qué corte. Se va… ¡No, se viene! 

-Buenas tardes- dijo con aquella voz grave y masculina.

-Buenas- le contesté.

-Me permite invitarla al café. Después de todo siento que se lo debo. Sin su amabilidad no habría podido localizar a un cliente.

-Gracias, pero no he hecho nada especial.

-Si lo hizo, ya lo creo. Miré estoy contento, me voy mañana, no conozco a nadie y me gustaría celebrar mi éxito en compañía. Un café me parece un buen comienzo.

Tomamos café. Luego me invitó a cenar para seguir con la celebración. Yo no tenía otros planes y acepté. Nos separamos hasta las nueve.

Fuimos paseando hasta una pizzería encantadora. La conversación fue tan fluida y divertida que nadie diría que nos acabábamos de conocer.

Después paseamos por la playa. Las sensaciones que me produce me dejan sin habla. En silencio, caminamos sobre la suave, mullida y fría arena, con la música de fondo de las olas al derrumbarse en la orilla y el reflejo de la luna en la negrura del mar. Terminamos sentados en la arena, se cruzaron nuestras miradas y seguidamente cayeron al suelo. Algo acababa de nacer.

Yo sentía como los neurotransmisores hacían su trabajo recorriendo toda mi anatomía, empujándome a lanzarme en sus brazos.

Al final sucedió, era inevitable. Nos besamos envueltos en luna con la banda sonora del mar. Fue una noche maravillosa.

Me despertó el móvil, reconocí la música, tenía un mensaje. “Te espero el sábado a las nueve donde sabes”. Era él.

Lo dije, Villajoyosa, la Villa Alegre, me trae buena suerte.

Yrum, un beso

 
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Publicado por en 13 septiembre, 2012 en Relatos breves

 

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Relatos Yrum- Sonda 25

Sonda 25

Nada hacía pensar, en la primera década del siglo XXI, que en tan solo cuarenta años pudieran obtenerse semejantes logros.

25 de Octubre de 2051. Conferencia de prensa, proyecto “ G235”. Habla el responsable del proyecto.

Como sabrán, debido a las dificultades que entraña enviar seres vivos más allá de nuestro sistema solar, las  naves no tripuladas eran la mejor opción que teníamos para alcanzar lugares extremos. Los enormes avances en nanotecnología han permitido crear naves tan pequeñas como una mota de polvo.

El primer proyecto que se hizo viable, las sondas Von Neumann, fueron enviadas a la Luna. Auto-replicándose exponencialmente,  alcanzaron el número de  diez millones. Todo un enjambre de nanonaves.

Como recordaran, aquella primera misión fue todo un éxito. (Aplausos) El proyecto “G 235”, que hoy nos ocupa, podemos decir que también lo ha sido. Proyectamos enviar aquel enorme enjambre de sondas, que esperaban en la Luna, con destino al planeta G 235.  Y hoy podemos comunicarles que estas han llegado a su destino el 20 de Octubre. (Aplausos). Desde hoy el planeta conocido como  G325,  ha sido rebautizado como Nanón, por estas  nanonaves que llegaron hasta allí.

Los costes del proyecto, económicamente hablando, han sido mínimos. Las dificultades muchas. De todas las sondas enviadas solo un 34 % alcanzó su destino. Pueden parecer  pocas, pero en realidad, esperábamos un porcentaje menor. De hecho temíamos que el total del enjambre fuera aniquilado.

Las mayores perdidas se produjeron por bolsas de antimateria. Sabíamos que en el espacio se encuentran desperdigada esta sustancia que coincide con la materia que conocemos pero con signo contrario, el protón tiene carga negativa y el electrón positiva y cuando se encuentran y chocan se destruyen mutuamente produciendo una emisión de rayos gamma con una potencia de 1,2 electronvoltios. Sin embargo debemos informarles que esta pérdida no es tal. Ahora que sabemos dónde se encuentran, en un futuro cercano, podremos cosecharlas para producir energía más barata, limpia y duradera.

En un menor porcentaje, otras sondas se perdieron por desviaciones de campos magnéticos y eléctricos. Para esta contingencia estábamos preparados y todas las sondas desviadas están siendo monitorizadas. Nos darán información de los lugares en los que finalmente se posen.

Tenemos un gran trabajo por delante. Aun quedan por investigar un 0,35% de las desapariciones, de las que desconocemos su causa y procesar toda la información que vayan enviando las sondas. Les mantendremos informados.

Podemos confirmar que a partir de hoy se abre ante la humanidad una nueva era en la conquista del espacio. (Aplausos)

Muchas gracias por su presencia.

——–

Un enjambre de sondas espaciales del tamaño de partículas de polvo recorre el espacio. En una de aquellas nanonaves…

He despertado sintiéndome extraño. Al principio no sabía que sucedía. Lentamente fui tomando consciencia de mi estado. Me sentía pequeño, no, pequeñísimo, tampoco. No, no es la palabra adecuada, ¿minúsculo?… ¡la tengo!, microscópico.

Si pudiera hacer un símil corporal, tendría el corazón en las amígdalas, de las orejas saldrían mis piernas y el ano no sabría donde ubicarlo. Me siento más comprimido que un archivo zip.

Todo esto es muy raro. Ayer leía un libro sobre la reencarnación, las cosas que me interesaban instalado en la vejez, cuando me quede profundamente dormido. Y hoy, ¿o sería mejor decir ahora?. En realidad no sabría decir cuanto tiempo he estado durmiendo; lo mismo ha sido una pasada de mosca como toda una vida, que decía el bolero. El caso es que ahora que estoy despierto me siento distinto, extraño, comprimido.

Pero no puedo acordarme de cómo he llegado hasta aquí. Por más que me esfuerzo no logro ver lo que ha sucedido. ¿Me habré reencarnado?  La única certeza que tengo es mi nombre, 25. Menudo nombrecito, un número y una horterada. O estaré en el mundo de Orwel 1984 donde todos los seres humanos eran números. ¡Uhm!

¡Espera!…, si yo me llamaba José Luís. Empiezo a entrever que debe de ser verdad, que  me he reencarnado, pero está claro que este no es un cuerpo humano. Creo que tendré que esperar algo más, habituarme a este nuevo estado, como un recién nacido se acomoda a su cuerpo fuera del seno materno.  ¡Uf! ¡Qué lío por dios! me empieza a marear. Es como si estuviera viajando a la velocidad de la luz…¡!

Un momento… ¡Si  me muevo!

Sí, estoy viajando y a una gran velocidad.  A ver,  tengo que centrarme…. Así, muy bien, poco a poco… Puedo percibir  que no estoy solo, siento  que voy acompañado por miles de cuerpos como el mío. ¿He dicho miles?, son millones. ¡Estoy perplejo!

Déjame pensar un poco. Veamos… viajamos en masa con la misma dirección, ¿a la velocidad de la luz?, afirmo, a la velocidad de la luz. Pero; ¿Qué hago yo aquí? ¿A dónde vamos?, y ¿Quienes somos?

Veré si todos estos que me acompañan me pueden decir algo. Espero que no se encuentren en la misma situación que yo, porque entonces lo llevo claro. Y cómo me comunico, ¿telepatía? No me queda otra porque esto no tiene boca, ni aparato fonador, ni nada que pueda servir para emitir sonidos.  Tendrá que ser telepatía. Aunque no lo he probado nunca y no sé muy bien cómo hacerlo. Pensaré “hola” en la dirección de los que tengo a mi derecha.

¡Una explosión!, uno de los cuerpos que me acompañan acaba de explotar.  Me está entrando miedo.

Grr…¡Mmm! ¿Qué es esto? Siento un cosquilleó. ¡Qué raro! Oigo una voz. No, no oigo pero entiendo lo que dice: “Enviadas diez millones de sondas Von Neumann… eliminadas 6% del total… desviadas por campos magnéticos y eléctricos 3% del total…”  Parte de esa información la han sacado de mi. ¿Acaso me están controlando? ¿Seré yo una de esas sondas? Estoy mas perdido que una moneda en un bolsillo roto. ¿Cómo podría averiguarlo? porque si soy una de esas sondas corro un grave peligro. Ahora sí que tengo miedo.

Primero necesito saber en qué parte de este enjambre me encuentro. Recuerdo que los animales emplean este sistema masivo para protegerse mejor y que los que ocupan el centro se libran del peligro con más probabilidad que los externos. Sí, además es el lugar donde ponen a las crías, de eso también me acuerdo, aunque también van rotando su posición de dentro a fuera para ahorrar energía. Espero que eso no pase aquí. Aunque por otro lado serían unos ineptos si no lo hicieran. ¡Pero que digo, para mi sería contraproducente!

No sé como mirar fuera, no tengo ojos. Seré tonto, si acabo de percibir la explosión. ¡Ah! la costumbre de tener cuerpo humano.

Grr…Un momento…se están comunicando conmigo “máquinas, sección 26D siguiente posición anillo central”.  

Me mueven, ¡eh eh eh! esto está dando vueltas. Qué mareo… ¡Uff! ya me encuentro mejor, menos mal.

Ahora que me encuentro en el protector interior podré despreocuparme y tratar de averiguar algo más. La comunicación que he recibido antes de que me movieran me ha llamado máquina. Tengo que comprender esto de máquinas… Esto debe ser una broma pesada. Cómo se van a hacer máquinas tan pequeñas, si los componentes son microscópicos. Necesito información. ¡Hola, hola! Nada, todos estos chismes no contestan.

Cada vez estoy más seguro de que soy uno de ellos, pero no llego a entender que pueda ser una máquina. Claro que si lo soy tendré la misma información. A ver cómo puedo acceder. ¡Ah que fácil! es como comer, dormir o abrir los ojos. Simplemente lo haces. Veamos… ¡qué interesante! O sea, que puedo clonarme. Ja, ja, ja…voy a ser papá. Lástima que no necesite una mamá.

Grrr…Una nueva comunicación… “localización del enjambre próximo al exterior del sistema solar. Máquinas pasen a formación de gusano. Evitar el cinturón de asteroides culebreando”.

Esto cada vez es más inquietante. Tengo que averiguar toda la información si no quiero volverme loco…

No sé qué pensar. Soy una máquina del tamaño de una partícula de polvo, una microscópica nave espacial llamada sonda Von Neumann, con la capacidad de replicarme y crear, junto al resto, una emisora de radio con los minerales del lugar a donde vayamos. No sé si alegrarme o entristecerme. No entiendo qué hago aquí, ni cómo he llegado a tener un cuerpo mecánico. Creo que el que estén formadas por componentes tan pequeños como células me han confundido, he debido pensar que sería un ser vivo al tener la capacidad de reproducirse. Un error de bulto.

¡Qué porras, esto no lo ha vivido cualquiera!

Grr… Me hace cosquillas. Están sacando la información que se ha ido almacenando en mi disco, ahora vendrá un recuento. “Perdidas por explosión … 75% continúa en camino”.

¡Miércoles! este viaje es muy peligroso. Pero claro, como somos máquinas, ¡A quién le importa!Pero qué estoy diciendo, si son máquinas, no sienten… Solo yo pienso, siento… y estoy solo y seguiré solo allí a donde vaya y no lo podré contar a nadie.

Grr… “máquinas, sección 26D siguiente posición anillo exterior”.

¡No, no, no!. No quiero volver allí afuera, podría morir y acabo de llegar. Me niego a obedecer.

—–

Sala de control del proyecto “planeta G235”.

-Señor, la nave 25 no responde a las ordenes y está emitiendo un SOS.

-Vamos Fernández, no me diga que no sabe resolver un simple fallo de programación.

-¿Eh?…¡Ah, claro, claro! Perdone,… yo pensé que… como dijo …

-Ande, ande, vuelva y haga su trabajo. Y deje de pensar en Ciencia Ficción.

El ingeniero llegó a su mesa de control  dirigió su dedo hacia el botón que enviaría a 25 al anillo exterior y se quedó con el dedo en alto. Pensó un momento en aquel SOS. ¿Acaso una de aquellas sondas habría adquirido la capacidad de pensar? Era el “Santo Grial” de la ingeniería robótica. Algo que cientos de ingenieros, incluido él, llevaban buscando desde hacia casi un siglo.

Meneo la cabeza para espantar aquellos pensamientos, sabía que aún aquello era imposible y apretó el botón.

La sonda 25 se vio impulsada a la nueva posición. No habían pasado un par de minutos cuando se produjo una nueva secuencia de explosiones. En el lugar de la sonda 25 fueron detectados 1,2 electronvoltios de rayos gamma, indicador de un choque contra la antimateria. La partícula 25 quedó en el panel en rojo intermitente, junto a varios miles más de intermitentes puntos rojos que señalaban la situación de bolsas de antimateria.

——-

Comunicado para el responsable del proyecto “planeta G235”.

20/ Octubre/ 2051.

“Felicitaciones. Las sondas han llegado. El 65,89% han sido eliminadas o desviadas de su destino. Sin duda, un porcentaje menor del estimado. Esperamos que en el plazo establecido tengamos más noticias.”

Yrum, un beso

 
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Publicado por en 12 julio, 2012 en Ciencia Ficción, Relatos breves

 

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Microrrelatos Yrum: Arrastrados a otra dimensión

Este es mi primer relato breve. Lo hice para un concurso de relatos para una biblioteca donde pedían la frase de inicio “Entre en una librería cuando para mi sorpresa”. Me siento muy satisfecha de él.

Arrastrados a otra dimensión 

Entré en una librería cuando para mi sorpresa, choqué con un grupo de personas estaba apiñada en el pequeño vestíbulo. Miré adonde ellos. No había libros ni estantes ni dependientes, era un inmenso espacio vacío.

Como hipnotizado un joven repetía:

– Necesito un diccionario de economía.

Decidí irme pero las puertas automáticas no respondían a mi presencia. Lo intenté moviendo las manos y nada.

-¡Parece que estamos encerrados! -Anuncié a mis compañeros.

Aquellos desconocidos me miraron perplejos. La chica pálida y delgada, que dijo sentir malas vibraciones, acompañada por otros se acercó a comprobar las puertas. Otros comenzaron una tertulia. El señor de pelo blanco decía que aquello debía de ser una conspiración. El traje con joven dentro, claramente feliz, creía estar en un programa de cámara oculta. La señora del pelo cardado no pensaba.

Por deformación profesional, me concentré por si había percibido algo anormal. Pensando en voz alta, recordé que al entrar había escuchado un extraño pitido ¡Pero había algo más! El joven del diccionario de economía me miró. Él había notado como si atravesara una cortina de aire, livianamente gelatinoso. No supo definirlo de otra manera. Varios afirmaron.

-Eso era- exclamé

El adolescente que llevaba a su madre de paseo, notó algo distinto.

– Nadie ha entrado después de nosotros. Cuando entramos, mi madre estornudó y sentí que algo se cerraba detrás.

Recordé que ya había investigado algo parecido. Me separé para buscar en mi ipad.

El adolescente que llevaba a su madre de paseo dedujo: Si al estornudar mi madre algo se ha cerrado, tal vez, si vuelve a estornudar se abrirá.

Buscaron algo que provocara estornudos. La madre, bastante asustada, dijo que no tenía ganas de estornudar. La chica pálida y delgada, señalaba las plumas del broche de la señora del pelo cardado. La señora del pelo cardado se protegía detrás del señor del pelo blanco. El traje con joven dentro se reía a carcajadas.

Trataron de convencerla. Desesperado, el joven del diccionario de economía le arrancó el broche. Y la señora del pelo cardado se echó a llorar en brazos del señor del pelo blanco, que les llamaba gamberros.

El adolescente que sacaba de paseo a su madre le pasó la pluma por la nariz. Pero lo único que le daba, eran ganas de rascarse.

-¡Lo encontré!

Me miraron y se fueron acercando. Les expuse mis deducciones, alguien había abierto otra dimensión. Algunos prefirieron seguir pensando en conspiraciones, programas de televisión o en nada.

Con la premisa de que la primera persona del grupo que entró, fue la que abrió el portal y  que era la única que podía sacarnos, pregunté:

– ¿Quién entró primero?.

Miradas. Por fin la joven mujer, nerviosa, levantó la mano.

La miré y le lancé:

-¿En qué pensabas cuando entraste?

Obligada por las circunstancias se sinceró:

– Deseaba con toda mi alma, que desapareciera todo aquello que no podía alcanzar.

Aquello cerraba el círculo. Estaba el deseo y el lugar apropiado.

Las librerías siempre han sido consideradas lugares mágicos, portales a otros mundos, muchos de ellos aun ignotos, a los que se puede acceder, gracias al poder de los libros, para alcanzar cualquier deseo.

La joven mujer aunque no lo entendía, sabía que era la responsable e hipando narró sus desdichas.

Todos en un abrazo empatizamos con ella. Nos miraba agradecida. En ese instante, deseó volver.

La atmósfera cambió, aunque no lo habíamos notado, ahora la reconocíamos como familiar. Poco a poco se fueron incorporaron los sonidos propios de una librería en una gran ciudad. Al levantar la cabeza, vimos las estanterías llenas de libros y a los dependientes, ojipláticos, mirando a nueve personas abrazadas en el vestíbulo.

¡Habíamos vuelto!.

Yrum, un beso.

De este relato fue de donde salió un microrrelato: experiencia paranormal

 
 

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